Carta para todas las Ex-alumnas Vicentinas

Colegio San Vicente de Paúl - "Bodas de Oro"





Jauja, 31 de Diciembre del 2010


Para toda ex-alumna Vicentina


Presente.


Estimadas compañeras:

Es muy grato poder enviarles estas líneas primero agradeciendo a nuestra protectora Madre de la Medalla Milagrosa por esta oportunidad, y aprovechando esta para agradecer sobremanera las muestras de cariño y fidelidad a nuestro querido Colegio, en los dias de celebración de las "Bodas de Oro".


Este blog quedara abierto para las sugerencias y posterior implementación con las noticias frescas que la nueva Directiva y las Ex-alumnas Vicentinas desde cualquier parte del mundo puedan enviar, y para todas las chicas nuestro deseo que todo sea éxitos en su vida familiar y profesional.


Desde ya nuestro agradecimiento a todas las Hijas de la Caridad que tuvieron la responsabilidad de guiar y conducir nuestro querido colegio así como a las profesoras, personal administrativo y de servicios en general.


" CON AMOR ...VICENTINAS "


PD. Enviar sus comentarios y sugerencias a ésta su página, de la misma forma rogamos nos envíen las fotografías de su promoción con el nombre y año de las mismas para publicarlas en la edición del Álbum de Oro.

Utilizar este único correo electrónico para tal fin:


vicentinasjauja@gmail.com



junio 19, 2010

La Compañia de las Hijas de la Caridad en el Perú (parte 2)



EMBARQUE DE LAS HERMANAS Y MISIONEROS DE LA CONGREGACION DE LA MISION
La partida no pudo realizarse hasta el 19 de Setiembre de 1857. Cinco días antes, el 14 si grupo dejó París, acompañado por el Superior General R. P, Etienne y la Superiora General, R. M. Devos, quienes abandonaron sus arduas ocupaciones para alentar y bendecir en Burdeos a los viajeros, Las Hermanas procedían de muy distintas casas y no se conocían hasta la víspera, pero pronto se estableció entre ellas el lazo de fraternidad cristiana y el espíritu muy vicenciano de la Compañía. No todas eran francesas; había una española, una italiana, una suiza y una austriaca. La dirección fu encargada al R. P. Antonio Damprum que sería Director de la Nueva Provincia y a Sor Teresa Bourdat, que tendría el cargo de Visitadora de inolvidable memoria.
El “Saint Vicent de Paúl” (Hermosa coincidencia de tener la nave el nombre del Santo Fundador de las Hijas de la Caridad) que las esperaba en el puerto era un velero relativamente pequeño y con escasas comodidades, El Padre Etienne y la Madre Devos estuvieron a bordo hasta dejar a todos acomodados, luego vino la emocionante bendición y las palabras del R. P. Etienne: “Hijas mías siento no poder acompañaros, no ofreceros el visitaros en tan lejanas tierras, pero en el R. P. Drampum deposito mi corazón con su paternal afecto, y, en Sor Bourdat, os confío como una verdadera madre, cuyas cualidades me son bien conocidas desde hace largo tiempo. Partid pues, hijas mías y sed muy felices por haber sido destinadas a extender la luz del Evangelio y el amor de Cristo a los Pobres de aquellas comarcas. Recibid la Bendición como os la daría San Vicente nuestro Padre. Tened mucha confianza en Dios. Y seguidamente la lenta partida mientras las velas iban desplegándose como blancas alas sobre los mástiles.



TRAVESÍA
Las grandes distancias de uno a otro Continente hicieron que las Hermanas permanecieran en el barco durante cinco meses y se caracterizó por la estrechez del barco, el calor sofocante de los mares tropicales, las calmas que parecían clavar el buque en el mismo sitio y por las tempestades de la zona austral de Sudamérica.
Durante este espacio de tiempo prestaron sus servicios a la tripulación, ocupándose de arreglar las ropas, sintiéndose ya en sus actividades de Servicio y el Capitán y su tripulación tuvieron gran satisfacción del beneficio que se les prestó.
Al aproximarse a Río de Janeiro un desperfecto del barco, en la brújula, ocasionó una interrupción en la marcha del viaje, y considerando que el arreglo sólo sería de 48 horas, el Capitán dio orden de permanecer en el buque y no desembarcar ningún pasajero, Las Hermanas consideraron providencial este accidente y pensaron hubiera sido un buen descanso el desembarcar y visitar a las Hermanas de aquel lugar. Ante la orden general del Capitán quiso hacer de intermediario de las viajeras, ya que esta privación impuesta era causa de pena, para aquellas que tanto bien les hacían. El mismo, se presentó en la Casa de Misericordia, donde fue recibido por la Hermana Sirviente quien no podía conformarse a no entrevistarse con las Hermanas que viniendo de la Casa Madre, podrían hablar y sentirse fraternalmente unidas. El Capitán vencido por la convicción de las palabras de la Superiora, entabló el siguiente diálogo; Hermana, temo que mis pasajeras se sientan tan bien en compañía de Ustedes, que se quieran quedar en Río y no quieran volver a bordo. Con el entusiasmo de quien ha de vencer para conseguir lo deseado, la Superiora, contestó:
Nosotras partiremos en su lugar para que Ud. Tuviese siempre el “completo”. No, No, replicó el Capitán quieren ya tanto el Perú, que no preferirían el Brasil. Autorizado el desembarque de las pasajeras encontraron en el puerto a las Hermanas de Río que llegaron a recibirlas con fraternal acogida.
Era sorprendente el desfile numeroso de Hermanas que atravesaban las calles de la población y que después de aquel feliz encuentro regresaron acompañadas por las que tan alegremente las recibieron.
Por largo tiempo se conservó el recuerdo de aquel grupo que de dos en dos marchaban con alegría y gozo dibujado en sus rostros y que atraía a la gente por el maravilloso espectáculo; les seguían de un lagar a otro hasta la orilla del mar. El silencio respetuoso de los seguidores, manifestaban la reacción que causaba la presencia de las Hermanas.

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